



CRÓNICAS
EL "RIO MIERA"
Ya está otra vez aquí ese ligero dulzor en la boca, vuelve a aparecer como casi siempre, a partir de los 30 metros. Pero estoy perfectamente y compenso bien. Poco a poco vamos llegando a la pendura que, a causa de la corriente, tiende el cabo de fondeo. Dos intentos hemos necesitado para trabar el ancla y largados casi cien metros hasta que tocó fondo. En el primer intento, el brutal garreo del barco nos hizo desistir, buscar la marca de nuevo y encomendarnos a los dioses de las corrientes para en la segunda acertar de pleno. Sobre un fondo de arena descansa orgulloso, erguido, el pequeño carbonero y la estructura de baos y durmientes de su proa metálica nos da la bienvenida a más de 40 metros de profundidad. La vista es espectacular, mientras el ancla sube y baja resbalando por su cadena con ganas de escapar de la roída chapa que la retiene (hay que dar una vuelta a la cadena y afirmarla fuertemente sino, en unos pocos tirones más, es probable que se suelte). Con mil ojos espero a que destense para asirme con rapidez al ancla, tirar de ella hacia mí rodeando el hierro que lo sujeta y afirmarlo en largo a otro punto de mayor solvencia. Comienza la verdadera inmersión recorriendo por ambas bordas los 45 metros de eslora del “Miera”. Hoy es un día propicio, con más de 15 metros de visibilidad y el agua a 18 grados, un recorrido por el fondo de la bodega saludando a nuestro paso a un congrio de generoso tamaño, deslumbrando a un par de bogavantes obstinados en esconderse y dejándonos envolver en una nube de “chicharros maricones” como aquí les llaman. Llevamos más de un cuarto de hora entre los 42 y 46 metros y va siendo hora de empezar a ascender. Una vez cerrado el arpeo comienza la lenta marcha hasta la cota de los 3 metros donde debemos realizar una parada de 36 minutos de descompresión a la deriva. Risas, bromas, gestos y un buen reportaje de video por parte de Leo, hace más llevadera la cuenta atrás. Como ocurriera a la ida, el barco peina las olas con los 225 CV de bravura de motor y de vez en cuando, entrando en sincronía con las olas que le mecen, despega sus casi 8 metros volando a un par de cuartas por encima de la superficie, mientras que a nosotros, emulando ser unos avezados “cowboys”, se nos escapa un ¡! YIJAAA!! a cada vuelo. Es el RIO MIERA, modesto pecio, que de vez en cuando, solo de vez en cuando, nos regala inmersiones como esta. LEO, DANI, IÑAKI y yo mismo.
El POZO AZUL
¡AY! Que dolor Madre mía, que dolor:
Pero mira que sois exagerados, ¿en qué habíamos quedado?....hasta la burbuja y punto. Y si por mí fuera, pegar una bocanada de aire aéreo y vuelta por donde hemos venido.
Como cada vez que estos me lían, ya estoy a las 7 de la mañana preparando telares para el pozo. Como he podido he hecho que cupieran en la “cirililla” prestada (la “vitorina” está en dique seco), y ahí me tienes a 90 por hora cortando el viento.
Hola ¿Qué tal?--- anda que tú. Bueno, las presentaciones de rigor.
Después del porteo ( Mira que le tengo dicho a mi tía que pongan un tren cremallera o mulos o algo; que si en el Aconcagua lo tienen, a ver por qué aquí no? Pero no hay manera.
El cachondeito empieza nada más entrar al agua. –Oye, los tomates para la ensalada ya los pongo yo. Serán cab….s, y todo porque me he enredado entre las berrañas y me llevo algunas colgando en retaguardia (parezco un manatí pastando).
Bueno, a lo que íbamos: Los metros van pasando mientras yo me peleo con la configuración que me he creado durante las pesadillas de esta noche. Y así van las cosas, que no hay dios que suelte la lateral derecha…….pero como soy muy burro, en vez de dejarla a los 400 m, cargo con ella hasta mejor momento.
Al final, puedo soltarla, la dejo trincada en el cabo guía y continúo con la lateral izquierda.
¡! TACHÁN!! Ya hemos llegado. Por mí, me doy por satisfecho, una bocanada profunda de aire del interior de la cueva y nos volvemos. Pero no, a los niños se les ha metido en la cabeza que: Ya que estamos…….pues hasta el segundo sifón.
Vamos a ver, ¿vosotros pensáis que yo me voy a poner a trepar con un bibotella de 15 en la espalda por esos sitios? Pues va a ser que sí, y ahí me tenéis con escarpines (que uno no es DIR y no sabe que es eso de “rock boot”), haciendo malabarismos para no caerme de bruces.
En este tramo aéreo nos hemos cruzado con los “reborders”, que ya estaban de vuelta, ya que habían salido antes e iban con lambreta (UY, perdón, con scooter, que no se pueden citar marcas).
Y una vez en el “vivac” me las prometía felices. Primero por llegar hasta aquí y después porque las piernas ya están resentidas.
Craso error el mío, nada de descanso, nada de hacer pis. Vuelve a ponerte las aletas y al segundo sifón de cabeza…….!!Joder que cruz!!.
El cuevero se dedica a tocar el abombamiento que el O2 ha producido en una de las campanas, mientras yo intento no liarme con la maraña de cables que las sujetan. Bajamos la rampa que nos deja en -26m y seguimos avanzando hasta penetrar 150m en el segundo sifón. Me quedan 120 bar en cada botella (Bimono), y le indico que hasta aquí hemos llegado, apretón de manos, recuerdo a los míos (como siempre) y vuelta a superficie.
Ahora sí, ahora se descansa un poco, se reparten los “Kit Kat”, se busca la susodicha y una vez en la mano…pisssss (no me critiquéis, que las truchas también lo hacen, vamos digo yo).
La vuelta es penosa. Después de pasar el tramo aéreo en las mismas condiciones que la ida, la zona navegable es toda una odisea. CUIDADO a tu derecha, Cuidado abajo……!joder!, si me giro hacia la derecha no veo una mierda ( cosas del ojo vago), si me giro a la izquierda pierdo referencias, si miro para abajo me ahogo( que no está uno para gastar aire). Total, que me he propuesto ensanchar la cueva a base de cabezazos, y creo que lo he conseguido; y sin dejar parte del equipo enganchado en algún saliente, que era lo más probable.
Recuperadas las botellas laterales, la vuelta es un “sinvivir” de tirones en los gemelos, y como no quiero que se me vayan los compañeros, pues eso, la patada de rana, la de mula, la de elefante…….vanos todas las que se me ocurrían, y de cuando en cuando a agarrar la punta de la aleta.
Uno de los kowalski ya hizo capút a la ida, así que utilizo el otro. Los leds del casco solo les he utilizado en la parte aérea y con esas, ya llegamos a la salida.
Entre bocado y bocado de jamón con tomate en el bar Muñecas, el “cuevero” nos da un cursillo de espeleología: Que si excéntricas, que si laminadores, que si estalactitas de sierra y otras lindezas por el estilo.
Después de las despedidas de rigor me pongo en carretera, y ahora parece que la cirila corre más. Ya se lo que pasa, se me ha quedado agarrotado el empeine del pié derecho y voy a saco 110 Km /hora y yo con estos pelos.
Cuando llego a casa tengo que hacer memoria para recordar como se desdoblan las piernas. Tengo agarrotada hasta la sonrisa (esto no se le hace a un amigo).
En definitiva, que sois unos exageraos, pero en el fondo os quiero.
Me queda por contar lo de la zapatilla.
Los fallos garrafales de configuración.
Lo de los taponcitos de las primeras etapas.
Lo de los atalajes de las laterales.
Y alguna cosa más que iré “cronicando” otro día. Ahora voy a ver si encuentro el linimento del tigre para darme una friegas, que esta noche me parece que tampoco voy a cumplir (lo siento morena).
El día que me dejen poner los nombres de mis compañeros, lo haré. De momento, daros todos por besaos.
Un saludo de lo que queda de "el coronel”.
MAR ROJO
Algo raro están tramando en la cubierta de arriba, de vez en cuando, Juanjo mira hacia mí como haciendo referencia a mi persona, pero no consigo saber que dice y me parece una falta de respeto acercarme a escuchar la conversación. Decido entonces seguir con mis pensamientos, enfrascado en analizar los días que llevamos de navegación por el Mar Rojo y las inmersiones que hemos hecho. Conociéndome, mentiría si no dijera que necesito algo más que lo ya visto, pero reconozco que con la titulación que poseo, independientemente de los años que lleve buceando, el estar aquí ya es todo un logro y me he de conformar….de momento.
Todo empezó un día mientras nos cambiábamos en el centro de buceo después de una penosa inmersión, cosas del Cantábrico, que ni en pleno julio te garantiza buena mar. Así es que todos coincidíamos en que para resarcirnos de tan continuadas malas experiencias, lo mejor era elegir un destino con visibilidad, vida y buen tiempo garantizados. Alguien, no se quién, decidió que el Mar Rojo podría ser una buena opción y dejamos en manos del centro de buceo la organización del viaje.
Todo salió como se esperaba hasta el embarque en el yate que haría de domicilio nuestro durante los cinco días que durase la travesía.
Yo ya había avisado de mi atípica maleta, puesto que no me fiaba de la bolsa de buceo que todos llevábamos para bucear por miedo a que la abrieran. Pero las caras de la gente eran un poema cuando me vieron aparecer en Barajas con un arcón de metal con candado (el de los albañiles), pero el grande. De hecho tan grande que dentro de el conseguí meter: el traje corto, el semiseco, las aletas, chaleco, guantes, ropa de paseo y mudas, dos hogazas de pan de pueblo, medio jamón serrano en blister envasados al vacío y dos botas de vino llenas. He de decir que le instalé dos ruedecillas giratorias en un extremo pues el peso era considerable.
Y ahí me tenéis paseando por el aeropuerto con mi cajón de metal más chulo que un ocho. Paradójicamente no me pusieron pegas al facturar dicho artefacto pero en vista de cómo llegaron las ruedecillas al aeropuerto del Cairo, es obvio que algún mozo/maletas se acordaría de todos los míos a la hora de trajinar semejante bulto.
También hubo que convencer al patrón del barco que, bien estibado, el arcón no daría problemas y sin más comenzó la navegación.
El hecho de llevar comida y bebida en abundancia se debía más a mis dudas sobre la alimentación a bordo que a otra cosa y si algo no soporto es: pasar hambre.
Desde luego que no hizo falta hacer uso de las viandas, pues la comida era más que suficiente y correctamente elaborada; al final lo único que conseguí es que el pan se enmoheciera y el vino, con el “sube y baja” adquiriera una coloración acaramelada y un regusto avinagrado como el peor de los vinos peleones (que pena de rioja crianza).
En estas estaba cuando Juanjo se acerca a mí y me dice al oído: mañana a las seis arriba que hay buceada especial.
Si, vale, muy bonito….¿ pero donde?....a mí no me líes en una de las tuyas que te conozco.
Tú calla y déjate llevar.
¡La madre que te parió!... me das un miedo.
Pues nada, por si no tenía poco con mis ataques de sinusitis (que esa es otra), ahora la incertidumbre de la inmersión matutina ¿que habrán liado estos cabrones?, claro… de eso estaban hablando ahí arriba. Bueno me voy a buscar a “Osama” para que me prepare otro mejunje de esos que tan bien me van para despejar la “tocha”. Inspirar suero fisiológico (agua de mar), un par de “nebuprofenos”o guarrería similar y el mejunje de Osama hacen milagros.Tengo un sueño tremendo, me voy al camarote a oler la humedad e intentar dormir con el arrullo del barco……….hasta mañana.
¡Joder! Que ya es la hora
De puntillas salgo del camarote y casi a oscuras subo la empinada escalera de caracol…..coño que voy en pelotas………..vuelta atrás a ponerme el “gayumbo” por lo menos.
Ya están todos en la Popa equipándose, han dormido en los camarotes de cubierta para no despertar al resto de la peña y con un gesto me indican que me dé prisa en equiparme…corre….corre….corre…joder que estrés. Pensé que había venido de vacaciones y ahí estoy intentando dar la vuelta al traje, haciéndome la picha un lío con reguladores ajenos y aletas huidizas. Al final todo correcto, un último vistazo y comprobamos el gas ¡! coñooo!! 235 bar. La botella es de 12 l, si lo normal es estar unos 50 min bajo el agua ¿donde me quieren llevar estos? A callar y al agua.
Una cosa me tenía intrigado, y es que Juanjo me dijo que no mirase el ordenador hasta que el lo dijera y comenzamos a bajar y bajar y bajar……mantenemos un ángulo de descenso de unos 50 o 60 grados, los primeros metros me costó compensar pero una vez pasados los 12 metros todo iba como la seda. Juanjo va detrás de mí y por delante el DM. Me pasa una seña y me indica que se la pase al de detrás, así lo hago y seguimos bajando y bajando. Empiezo a preocuparme y las ganas de mirar el ordenador se acentúan, respondo a la siguiente seña con presteza y se la paso a Juanjo……….no la contesta y pasados unos segundos lo hace ¡!que raro!! Unos pocos metros más y aparece un segundo arco de roca. El DM se para y me indica que debo pasar por debajo de dicho arco y parar junto a la pared.Así lo hago y espero que se acerque Juanjo…..le miro y no puedo contener la sonrisa…tiene una cara de “pánfilo” como si estuviera en el paraíso y se queda junto a mí mirándome a la cara. ¡Joder que cuadro!
El DM nos indica que comencemos a subir y comienzo a hinchar el chaleco…”.ni patrás”, doy aletas……..tampoco, la piedra que tengo a vista como referencia de profundidad no se mueve de sitio, miro a Juanjo y veo que está en la misma posición sin hacer nada de nada, mirándome como un pez en un acuario. Vuelve el DM, y esta vez con malos modos nos indica que subamos…..yo no puedo más y miro el ordenador 69,8 mts ¡su p. madre! Aprieto con más ganas el inflador del chaleco, doy aletas como un descosido, agarro a Juanjo del codo y noto que comenzamos a ascender. A los pocos metros mi compañero espabila y empieza a hinchar su chaleco. Miro alrededor y veo que el grupo está compacto y ascendemos poco a poco; parada a 25 m……….a 9m y otra más larga entre 3 y5 m.
Al subir y mientras hacemos las paradas vemos cruzar al resto de buceadores del barco con el DM egipcio observándonos con cara de extrañeza ¿de donde vendrán estos?, estarían diciendo.
Luego nos enteraríamos que dos de ellos (el pez globo y su cuñado) bajaron hasta los -50 m cuando nos vieron aparecer y que la bronca del guía fue colosal.
Ni que decir tiene que Juanjo pilló un pedal del dos y que hoy es el día en que es incapaz de recordar lo ocurrido allí abajo.
En fin es solo una de las más de veinte inmersiones que hicimos durante esos cinco días a bordo, pero quizás la que más grabada quedó en mi memoria, no sabría decir si la mejor o la peor, pero lo que si me gustaría (como ya lo hice en su momento), es agradecer a Juanjo la confianza que depositó en mí para ser su compañero de inmersión a pesar de la negativa continua de los otros cinco buceadores que componían el grupo argumentando mi falta de titulación.
Brevemente transcribo la hoja de ruta de mi cuaderno de viajes
Hoy día 31-X-02 ha supuesto un reto que ni siquiera me había planteado, confiando plenamente en mi mismo y ciegamente en Juanjo le he acompañado en una profunda de nada menos que 69,8 mts. Sigo confiando en mi mismo a pesar de no tener muy claro cuales son los síntomas de la narcosis/ para ser justo diré que un cierto dulzor en la boca y una ligera sensación de ingravidez si he tenido, pero haciendo un rápido chequeo en mi mente sobre la inmersión, no recuerdo haber perdido el control de orientación, decisión o respuesta en ningún momento.
Otro diez para David
Chuchi algún día tendrá un susto, aunque no ha hecho la inmersión.
ACORAZADO ESPAÑA
LA ALTERNATIVA La algarabía se hace hueco en los tendidos, el día acompaña y el cielo plomizo augura una calma chicha. No corre una brizna de aire y se presume saldrá pronto el sol. Ante mí el escapulario, colgado de un improvisado altar ajeno a mis creencias, y a mi alrededor “la cuadrilla”. Hoy puede ser un día grande, el de mi alternativa, y no quiero desmerecer tal fecha. Así que, con el mayor aplomo que en estas circunstancias se puede tener, me ajusto la taleguilla, afirmo el corbatín y la montera a mi cabeza y desdoblo con sumo cuidado el capote y los trastos de matar echándomelos al brazo. Los caireles de la chaquetilla cuelgan perezosos al són de las manoletinas. Suenan los clarines, empieza la fiesta. Primero la suerte de varas, y los dos picadores clavan hondo su puya en las silentes y aceradas carnes del inmenso barroso. Y comienza el paseíllo, dos diestros y mi maestro flanquean mis pasos, mientras yo, cabizbajo, refresco promesas a los seres queridos. El albero de la infinita plaza nos da la bienvenida y no me atrevo a levantar la mirada. ¡! VALOR Y AL TORO!! , alguien grita en mi interior, levanto la cabeza y ante mí aparece el colosal astifino, arañando el albero, bizqueando su helicoidal trapío, con la boca abierta, fatigado y herido por la mar y el hombre y a mi mente afloran tragedias oídas. La faena es templada, los pases largos, una gaonera, dos verónicas y una revolera para terminar, y los ojos clavados en la inmensa mole que ante mi pasa………y le toco mientras los clarines suenan de nuevo para anunciar que la fiesta se acaba. El que en su día fuera un toro de bandera, hoy es un noble manso que se duele del castigo y busca las tablas. Ahora sí, ahora la cabeza va alta, mirando al tendido, la faena hecha y de frente la puerta grande. No saldré a hombros, no hay méritos, pero saldré por ella. El tiempo pasa despacio mientras nos alejamos del noble animal y a mi alrededor los mozos de espadas siempre pendientes por si algo faltara y los diestros (que hasta hacen de picadores si la ocasión lo requiere), y al fondo diviso al jefe de mulillas (preocupado por si aparece el pañuelo amarillo). Hoy en la suerte suprema la espada no se clavó en la cruz y la noble res sigue viva, un poco más herida pero viva, y yo un poco más feliz. Debo dar las gracias públicamente a mi maestro Leo del Rincón (torerito de Cantabria), por darme la alternativa. A los diestros y picadores: El niño de la txapela y miguelito de Triana (o de un poco más arriba). Humberto, Xabi, Antonio, Chema y como no Juanillo, y a todos los que se lo han currado para sacar adelante esta empresa. Alonso- súbeme la chaqueta, me la dejé en la taquilla…..le dijo alguien al primer buceador que encontró “El España” después de cuarenta años de su naufragio (Alonso González y los buceadores Marcelo y Javier). Tampoco yo encontré la chaqueta pero prometo que la seguiré buscando.
Acorazado España Eslora—139,90 m Manga—24 m Calado—7,70 m Desplazamiento—16.000 t Hundido el 30 de Abril de 1937 tras chocar con una mina, descansa con la quilla al sol a unas tres millas de Cabo Galizano. Profundidad mínima 61m Máxima 74 m. Inmersión a las hélices Profundidad máxima en dicha inmersión-- 66,1 m Tiempo de fondo—20 min. Ascenso y paradas—52 min. GASES Gas de fondo—--------TX 16/50 Gas de viaje y Deco—EAN 40 A 6 m.------------------- O2 INTENDENCIA (en mi caso) El resto de buzos llevaba la suya propia. Traje seco trilaminado Bi mono 2 x15 Trimix 1 -S80 Nitrox 1 -5L O2 Foco Kowalski Foco Subacqua Carrete 100m. Boya de seguridad con 30 m de línea Nemo Wide en función BT Reloj 2 profundímetros Máscara de repuesto Pizarra de muñeca COMUNES Neumática de 7,5 m. de eslora con radio, sonda y ploter Boya de descompresión con cabo de 12mm. Dos buzos de seguridad entre las zonas de -40 m. y superficie Patrón: equipado con traje de neopreno, teléfono vía satélite y datos de coordenadas Botella de TRIMIX a -40 m. Botella de EAN 40 transportada por uno de los buzos de seguridad a partir de la cota -28 m. Dos botellas de O2 en cubierta, listas para descenderlas en caso de necesidad Equipo de seguridad en cubierta O2 medicinal y primeros auxilios.
Y ASÍ SE ACABA LA CRÓNICA Diez largos años han pasado, soñando cada vez que oía su nombre poder llegar a verlo en su tumba de arena y lajas. Estos dos últimos pasaron dejando desvanecerse las promesas que otrora me hiciera mi buen amigo Leo. No veía el momento de llevar a cabo mi sueño. No es fácil la empresa, se necesita infraestructura, medios humanos y técnicos……..y yo solo poseía mi férrea voluntad, no valía, con eso solo no valía. Daba por bueno si lo lograba aunque fuera con aire, dejando las mezclas exóticas para otros. Pero Leo lo tenía claro, solo cuando el decidiera que el nivel de buceo era el adecuado, cuando la mar y el tiempo fuesen propicios, cuando el tandem de buceadores formase un grupo compacto…..entonces y solo entonces lo intentaría. Y llegó el día, después del truncado intento del viernes por causa de la mala mar, se decidió, ya que teníamos todo preparado, posponerlo al martes. Los últimos rayos del sol se ocultaban tras la montaña palentina cuando agotaba los últimos kilómetros antes de llegar a Santander, es lunes y pasaré la noche durmiendo en la furgoneta. Amanece el día un poco más tarde que yo, y tengo tiempo de sobra para regalarme un buen desayuno en “la Boya de Raos” antes de que lleguen los primeros. Solo Humberto me acompaña al final del desayuno, y con las mismas nos acercamos al centro de buceo. Se repasan configuraciones, presiones de botellas, aguas menores antes de la inmersión (que luego será tarde), los hay que se preparan por si llueve sobre mojado y se calzan el dodotis (el de noche, que chupa más). Trasteamos botellas hasta que nos duelen las manos, y parecemos cincuenta siendo solo nueve (hay “caballos” no hay problema). La mar en calma, o casi, el viento suave, tan solo aparente……….y el jefe grita: SEÑORES DEBAJO DE NOSOTROS ESTÁ EL ESPAÑA. Siguiendo el protocolo establecido se larga el ancla con peso lastrado y lascamos cabo, trincamos la boya de descompresión al final de casi cien metros (hay pendura). Serán dos los buceadores, que por su mayor autonomía, bajen a marcar el pecio. No tardan más de cinco minutos en afirmar el ancla y lanzar la boya de localización. Mientras los demás nos preparamos en cubierta ayudándonos unos a otros a colgar semejante ajuar encima nuestro. El descenso es lento, cambiando de gases a los -28 m. y siguiendo la enorme comba que el cabo deja. Por fin llegamos al fondo, ante nosotros la majestuosa mole de acero que en su día fue un arma letal y hoy descansa, con la quilla al sol, desmoronándose al paso de las galernas y alguna que otra herramienta de mano. Quien primero nos recibe son las enormes hélices que en poco tiempo (según ha llegado a mis oídos) han pasado de estar en posición de avance a yacer partidas sobre el lecho de arena, o viradas sobre su eje. Solo una se mantiene erguida y la imagen me recuerda a la cabeza desafiante de un toro bravo. La popa destrozada por los envites de la mar, parte de la munición sobre la arena, rotores y turbinas al descubierto y el congrio (como no) que se deja deslumbrar sacando pecho………ya no se cual es el más grande que he visto. Pero la visión en conjunto de tan escueta zona del barco hace empequeñecer a cualquiera. Hacen falta muchas inmersiones para verlo entero y por el interior ya es otra historia. El tiempo de fondo se acaba y por si quedaban dudas, ya está Leo para recordárnoslo. Subimos despacio, respetando paradas y cambios de gases hasta que nos juntamos todos a la cota de los 6 metros (vaya racimo de nabos colgados de una cuerda). En el ascenso nos hemos topado con los buzos de seguridad, siempre vigilantes, que nos han hecho compañía casi hasta la superficie. En ella, en la superficie digo, se encuentra Juan, siempre dispuesto a llevarnos y traernos donde haga falta y como solo el sabe; también preparado para cualquier contingencia en caso de que apareciese la boya amarilla de accidente en inmersión (Gracias por anticipado Juan). Y así acaba la historia de este día, que no es sino, el comienzo de un largo periplo que me gustaría compartir con los mismos compañeros. Y por qué no, con alguno más que se apunte. Fuimos 6 buceadores de fondo 2 de seguridad y el patrón Y como dije al principio de la crónica, a todos los que han ayudado a llevar a cabo esta inmersión gracias de “el coronel”
EL "RIO MIERA"
Ya está otra vez aquí ese ligero dulzor en la boca, vuelve a aparecer como casi siempre, a partir de los 30 metros. Pero estoy perfectamente y compenso bien. Poco a poco vamos llegando a la pendura que, a causa de la corriente, tiende el cabo de fondeo. Dos intentos hemos necesitado para trabar el ancla y largados casi cien metros hasta que tocó fondo. En el primer intento, el brutal garreo del barco nos hizo desistir, buscar la marca de nuevo y encomendarnos a los dioses de las corrientes para en la segunda acertar de pleno. Sobre un fondo de arena descansa orgulloso, erguido, el pequeño carbonero y la estructura de baos y durmientes de su proa metálica nos da la bienvenida a más de 40 metros de profundidad. La vista es espectacular, mientras el ancla sube y baja resbalando por su cadena con ganas de escapar de la roída chapa que la retiene (hay que dar una vuelta a la cadena y afirmarla fuertemente sino, en unos pocos tirones más, es probable que se suelte). Con mil ojos espero a que destense para asirme con rapidez al ancla, tirar de ella hacia mí rodeando el hierro que lo sujeta y afirmarlo en largo a otro punto de mayor solvencia. Comienza la verdadera inmersión recorriendo por ambas bordas los 45 metros de eslora del “Miera”. Hoy es un día propicio, con más de 15 metros de visibilidad y el agua a 18 grados, un recorrido por el fondo de la bodega saludando a nuestro paso a un congrio de generoso tamaño, deslumbrando a un par de bogavantes obstinados en esconderse y dejándonos envolver en una nube de “chicharros maricones” como aquí les llaman. Llevamos más de un cuarto de hora entre los 42 y 46 metros y va siendo hora de empezar a ascender. Una vez cerrado el arpeo comienza la lenta marcha hasta la cota de los 3 metros donde debemos realizar una parada de 36 minutos de descompresión a la deriva. Risas, bromas, gestos y un buen reportaje de video por parte de Leo, hace más llevadera la cuenta atrás. Como ocurriera a la ida, el barco peina las olas con los 225 CV de bravura de motor y de vez en cuando, entrando en sincronía con las olas que le mecen, despega sus casi 8 metros volando a un par de cuartas por encima de la superficie, mientras que a nosotros, emulando ser unos avezados “cowboys”, se nos escapa un ¡! YIJAAA!! a cada vuelo. Es el RIO MIERA, modesto pecio, que de vez en cuando, solo de vez en cuando, nos regala inmersiones como esta. LEO, DANI, IÑAKI y yo mismo.
El POZO AZUL
¡AY! Que dolor Madre mía, que dolor:
Pero mira que sois exagerados, ¿en qué habíamos quedado?....hasta la burbuja y punto. Y si por mí fuera, pegar una bocanada de aire aéreo y vuelta por donde hemos venido.
Como cada vez que estos me lían, ya estoy a las 7 de la mañana preparando telares para el pozo. Como he podido he hecho que cupieran en la “cirililla” prestada (la “vitorina” está en dique seco), y ahí me tienes a 90 por hora cortando el viento.
Hola ¿Qué tal?--- anda que tú. Bueno, las presentaciones de rigor.
Después del porteo ( Mira que le tengo dicho a mi tía que pongan un tren cremallera o mulos o algo; que si en el Aconcagua lo tienen, a ver por qué aquí no? Pero no hay manera.
El cachondeito empieza nada más entrar al agua. –Oye, los tomates para la ensalada ya los pongo yo. Serán cab….s, y todo porque me he enredado entre las berrañas y me llevo algunas colgando en retaguardia (parezco un manatí pastando).
Bueno, a lo que íbamos: Los metros van pasando mientras yo me peleo con la configuración que me he creado durante las pesadillas de esta noche. Y así van las cosas, que no hay dios que suelte la lateral derecha…….pero como soy muy burro, en vez de dejarla a los 400 m, cargo con ella hasta mejor momento.
Al final, puedo soltarla, la dejo trincada en el cabo guía y continúo con la lateral izquierda.
¡! TACHÁN!! Ya hemos llegado. Por mí, me doy por satisfecho, una bocanada profunda de aire del interior de la cueva y nos volvemos. Pero no, a los niños se les ha metido en la cabeza que: Ya que estamos…….pues hasta el segundo sifón.
Vamos a ver, ¿vosotros pensáis que yo me voy a poner a trepar con un bibotella de 15 en la espalda por esos sitios? Pues va a ser que sí, y ahí me tenéis con escarpines (que uno no es DIR y no sabe que es eso de “rock boot”), haciendo malabarismos para no caerme de bruces.
En este tramo aéreo nos hemos cruzado con los “reborders”, que ya estaban de vuelta, ya que habían salido antes e iban con lambreta (UY, perdón, con scooter, que no se pueden citar marcas).
Y una vez en el “vivac” me las prometía felices. Primero por llegar hasta aquí y después porque las piernas ya están resentidas.
Craso error el mío, nada de descanso, nada de hacer pis. Vuelve a ponerte las aletas y al segundo sifón de cabeza…….!!Joder que cruz!!.
El cuevero se dedica a tocar el abombamiento que el O2 ha producido en una de las campanas, mientras yo intento no liarme con la maraña de cables que las sujetan. Bajamos la rampa que nos deja en -26m y seguimos avanzando hasta penetrar 150m en el segundo sifón. Me quedan 120 bar en cada botella (Bimono), y le indico que hasta aquí hemos llegado, apretón de manos, recuerdo a los míos (como siempre) y vuelta a superficie.
Ahora sí, ahora se descansa un poco, se reparten los “Kit Kat”, se busca la susodicha y una vez en la mano…pisssss (no me critiquéis, que las truchas también lo hacen, vamos digo yo).
La vuelta es penosa. Después de pasar el tramo aéreo en las mismas condiciones que la ida, la zona navegable es toda una odisea. CUIDADO a tu derecha, Cuidado abajo……!joder!, si me giro hacia la derecha no veo una mierda ( cosas del ojo vago), si me giro a la izquierda pierdo referencias, si miro para abajo me ahogo( que no está uno para gastar aire). Total, que me he propuesto ensanchar la cueva a base de cabezazos, y creo que lo he conseguido; y sin dejar parte del equipo enganchado en algún saliente, que era lo más probable.
Recuperadas las botellas laterales, la vuelta es un “sinvivir” de tirones en los gemelos, y como no quiero que se me vayan los compañeros, pues eso, la patada de rana, la de mula, la de elefante…….vanos todas las que se me ocurrían, y de cuando en cuando a agarrar la punta de la aleta.
Uno de los kowalski ya hizo capút a la ida, así que utilizo el otro. Los leds del casco solo les he utilizado en la parte aérea y con esas, ya llegamos a la salida.
Entre bocado y bocado de jamón con tomate en el bar Muñecas, el “cuevero” nos da un cursillo de espeleología: Que si excéntricas, que si laminadores, que si estalactitas de sierra y otras lindezas por el estilo.
Después de las despedidas de rigor me pongo en carretera, y ahora parece que la cirila corre más. Ya se lo que pasa, se me ha quedado agarrotado el empeine del pié derecho y voy a saco 110 Km /hora y yo con estos pelos.
Cuando llego a casa tengo que hacer memoria para recordar como se desdoblan las piernas. Tengo agarrotada hasta la sonrisa (esto no se le hace a un amigo).
En definitiva, que sois unos exageraos, pero en el fondo os quiero.
Me queda por contar lo de la zapatilla.
Los fallos garrafales de configuración.
Lo de los taponcitos de las primeras etapas.
Lo de los atalajes de las laterales.
Y alguna cosa más que iré “cronicando” otro día. Ahora voy a ver si encuentro el linimento del tigre para darme una friegas, que esta noche me parece que tampoco voy a cumplir (lo siento morena).
El día que me dejen poner los nombres de mis compañeros, lo haré. De momento, daros todos por besaos.
Un saludo de lo que queda de "el coronel”.
MAR ROJO
Algo raro están tramando en la cubierta de arriba, de vez en cuando, Juanjo mira hacia mí como haciendo referencia a mi persona, pero no consigo saber que dice y me parece una falta de respeto acercarme a escuchar la conversación. Decido entonces seguir con mis pensamientos, enfrascado en analizar los días que llevamos de navegación por el Mar Rojo y las inmersiones que hemos hecho. Conociéndome, mentiría si no dijera que necesito algo más que lo ya visto, pero reconozco que con la titulación que poseo, independientemente de los años que lleve buceando, el estar aquí ya es todo un logro y me he de conformar….de momento.
Todo empezó un día mientras nos cambiábamos en el centro de buceo después de una penosa inmersión, cosas del Cantábrico, que ni en pleno julio te garantiza buena mar. Así es que todos coincidíamos en que para resarcirnos de tan continuadas malas experiencias, lo mejor era elegir un destino con visibilidad, vida y buen tiempo garantizados. Alguien, no se quién, decidió que el Mar Rojo podría ser una buena opción y dejamos en manos del centro de buceo la organización del viaje.
Todo salió como se esperaba hasta el embarque en el yate que haría de domicilio nuestro durante los cinco días que durase la travesía.
Yo ya había avisado de mi atípica maleta, puesto que no me fiaba de la bolsa de buceo que todos llevábamos para bucear por miedo a que la abrieran. Pero las caras de la gente eran un poema cuando me vieron aparecer en Barajas con un arcón de metal con candado (el de los albañiles), pero el grande. De hecho tan grande que dentro de el conseguí meter: el traje corto, el semiseco, las aletas, chaleco, guantes, ropa de paseo y mudas, dos hogazas de pan de pueblo, medio jamón serrano en blister envasados al vacío y dos botas de vino llenas. He de decir que le instalé dos ruedecillas giratorias en un extremo pues el peso era considerable.
Y ahí me tenéis paseando por el aeropuerto con mi cajón de metal más chulo que un ocho. Paradójicamente no me pusieron pegas al facturar dicho artefacto pero en vista de cómo llegaron las ruedecillas al aeropuerto del Cairo, es obvio que algún mozo/maletas se acordaría de todos los míos a la hora de trajinar semejante bulto.
También hubo que convencer al patrón del barco que, bien estibado, el arcón no daría problemas y sin más comenzó la navegación.
El hecho de llevar comida y bebida en abundancia se debía más a mis dudas sobre la alimentación a bordo que a otra cosa y si algo no soporto es: pasar hambre.
Desde luego que no hizo falta hacer uso de las viandas, pues la comida era más que suficiente y correctamente elaborada; al final lo único que conseguí es que el pan se enmoheciera y el vino, con el “sube y baja” adquiriera una coloración acaramelada y un regusto avinagrado como el peor de los vinos peleones (que pena de rioja crianza).
En estas estaba cuando Juanjo se acerca a mí y me dice al oído: mañana a las seis arriba que hay buceada especial.
Si, vale, muy bonito….¿ pero donde?....a mí no me líes en una de las tuyas que te conozco.
Tú calla y déjate llevar.
¡La madre que te parió!... me das un miedo.
Pues nada, por si no tenía poco con mis ataques de sinusitis (que esa es otra), ahora la incertidumbre de la inmersión matutina ¿que habrán liado estos cabrones?, claro… de eso estaban hablando ahí arriba. Bueno me voy a buscar a “Osama” para que me prepare otro mejunje de esos que tan bien me van para despejar la “tocha”. Inspirar suero fisiológico (agua de mar), un par de “nebuprofenos”o guarrería similar y el mejunje de Osama hacen milagros.Tengo un sueño tremendo, me voy al camarote a oler la humedad e intentar dormir con el arrullo del barco……….hasta mañana.
¡Joder! Que ya es la hora
De puntillas salgo del camarote y casi a oscuras subo la empinada escalera de caracol…..coño que voy en pelotas………..vuelta atrás a ponerme el “gayumbo” por lo menos.
Ya están todos en la Popa equipándose, han dormido en los camarotes de cubierta para no despertar al resto de la peña y con un gesto me indican que me dé prisa en equiparme…corre….corre….corre…joder que estrés. Pensé que había venido de vacaciones y ahí estoy intentando dar la vuelta al traje, haciéndome la picha un lío con reguladores ajenos y aletas huidizas. Al final todo correcto, un último vistazo y comprobamos el gas ¡! coñooo!! 235 bar. La botella es de 12 l, si lo normal es estar unos 50 min bajo el agua ¿donde me quieren llevar estos? A callar y al agua.
Una cosa me tenía intrigado, y es que Juanjo me dijo que no mirase el ordenador hasta que el lo dijera y comenzamos a bajar y bajar y bajar……mantenemos un ángulo de descenso de unos 50 o 60 grados, los primeros metros me costó compensar pero una vez pasados los 12 metros todo iba como la seda. Juanjo va detrás de mí y por delante el DM. Me pasa una seña y me indica que se la pase al de detrás, así lo hago y seguimos bajando y bajando. Empiezo a preocuparme y las ganas de mirar el ordenador se acentúan, respondo a la siguiente seña con presteza y se la paso a Juanjo……….no la contesta y pasados unos segundos lo hace ¡!que raro!! Unos pocos metros más y aparece un segundo arco de roca. El DM se para y me indica que debo pasar por debajo de dicho arco y parar junto a la pared.Así lo hago y espero que se acerque Juanjo…..le miro y no puedo contener la sonrisa…tiene una cara de “pánfilo” como si estuviera en el paraíso y se queda junto a mí mirándome a la cara. ¡Joder que cuadro!
El DM nos indica que comencemos a subir y comienzo a hinchar el chaleco…”.ni patrás”, doy aletas……..tampoco, la piedra que tengo a vista como referencia de profundidad no se mueve de sitio, miro a Juanjo y veo que está en la misma posición sin hacer nada de nada, mirándome como un pez en un acuario. Vuelve el DM, y esta vez con malos modos nos indica que subamos…..yo no puedo más y miro el ordenador 69,8 mts ¡su p. madre! Aprieto con más ganas el inflador del chaleco, doy aletas como un descosido, agarro a Juanjo del codo y noto que comenzamos a ascender. A los pocos metros mi compañero espabila y empieza a hinchar su chaleco. Miro alrededor y veo que el grupo está compacto y ascendemos poco a poco; parada a 25 m……….a 9m y otra más larga entre 3 y5 m.
Al subir y mientras hacemos las paradas vemos cruzar al resto de buceadores del barco con el DM egipcio observándonos con cara de extrañeza ¿de donde vendrán estos?, estarían diciendo.
Luego nos enteraríamos que dos de ellos (el pez globo y su cuñado) bajaron hasta los -50 m cuando nos vieron aparecer y que la bronca del guía fue colosal.
Ni que decir tiene que Juanjo pilló un pedal del dos y que hoy es el día en que es incapaz de recordar lo ocurrido allí abajo.
En fin es solo una de las más de veinte inmersiones que hicimos durante esos cinco días a bordo, pero quizás la que más grabada quedó en mi memoria, no sabría decir si la mejor o la peor, pero lo que si me gustaría (como ya lo hice en su momento), es agradecer a Juanjo la confianza que depositó en mí para ser su compañero de inmersión a pesar de la negativa continua de los otros cinco buceadores que componían el grupo argumentando mi falta de titulación.
Brevemente transcribo la hoja de ruta de mi cuaderno de viajes
Hoy día 31-X-02 ha supuesto un reto que ni siquiera me había planteado, confiando plenamente en mi mismo y ciegamente en Juanjo le he acompañado en una profunda de nada menos que 69,8 mts. Sigo confiando en mi mismo a pesar de no tener muy claro cuales son los síntomas de la narcosis/ para ser justo diré que un cierto dulzor en la boca y una ligera sensación de ingravidez si he tenido, pero haciendo un rápido chequeo en mi mente sobre la inmersión, no recuerdo haber perdido el control de orientación, decisión o respuesta en ningún momento.
Otro diez para David
Chuchi algún día tendrá un susto, aunque no ha hecho la inmersión.
ACORAZADO ESPAÑA
LA ALTERNATIVA La algarabía se hace hueco en los tendidos, el día acompaña y el cielo plomizo augura una calma chicha. No corre una brizna de aire y se presume saldrá pronto el sol. Ante mí el escapulario, colgado de un improvisado altar ajeno a mis creencias, y a mi alrededor “la cuadrilla”. Hoy puede ser un día grande, el de mi alternativa, y no quiero desmerecer tal fecha. Así que, con el mayor aplomo que en estas circunstancias se puede tener, me ajusto la taleguilla, afirmo el corbatín y la montera a mi cabeza y desdoblo con sumo cuidado el capote y los trastos de matar echándomelos al brazo. Los caireles de la chaquetilla cuelgan perezosos al són de las manoletinas. Suenan los clarines, empieza la fiesta. Primero la suerte de varas, y los dos picadores clavan hondo su puya en las silentes y aceradas carnes del inmenso barroso. Y comienza el paseíllo, dos diestros y mi maestro flanquean mis pasos, mientras yo, cabizbajo, refresco promesas a los seres queridos. El albero de la infinita plaza nos da la bienvenida y no me atrevo a levantar la mirada. ¡! VALOR Y AL TORO!! , alguien grita en mi interior, levanto la cabeza y ante mí aparece el colosal astifino, arañando el albero, bizqueando su helicoidal trapío, con la boca abierta, fatigado y herido por la mar y el hombre y a mi mente afloran tragedias oídas. La faena es templada, los pases largos, una gaonera, dos verónicas y una revolera para terminar, y los ojos clavados en la inmensa mole que ante mi pasa………y le toco mientras los clarines suenan de nuevo para anunciar que la fiesta se acaba. El que en su día fuera un toro de bandera, hoy es un noble manso que se duele del castigo y busca las tablas. Ahora sí, ahora la cabeza va alta, mirando al tendido, la faena hecha y de frente la puerta grande. No saldré a hombros, no hay méritos, pero saldré por ella. El tiempo pasa despacio mientras nos alejamos del noble animal y a mi alrededor los mozos de espadas siempre pendientes por si algo faltara y los diestros (que hasta hacen de picadores si la ocasión lo requiere), y al fondo diviso al jefe de mulillas (preocupado por si aparece el pañuelo amarillo). Hoy en la suerte suprema la espada no se clavó en la cruz y la noble res sigue viva, un poco más herida pero viva, y yo un poco más feliz. Debo dar las gracias públicamente a mi maestro Leo del Rincón (torerito de Cantabria), por darme la alternativa. A los diestros y picadores: El niño de la txapela y miguelito de Triana (o de un poco más arriba). Humberto, Xabi, Antonio, Chema y como no Juanillo, y a todos los que se lo han currado para sacar adelante esta empresa. Alonso- súbeme la chaqueta, me la dejé en la taquilla…..le dijo alguien al primer buceador que encontró “El España” después de cuarenta años de su naufragio (Alonso González y los buceadores Marcelo y Javier). Tampoco yo encontré la chaqueta pero prometo que la seguiré buscando.
Acorazado España Eslora—139,90 m Manga—24 m Calado—7,70 m Desplazamiento—16.000 t Hundido el 30 de Abril de 1937 tras chocar con una mina, descansa con la quilla al sol a unas tres millas de Cabo Galizano. Profundidad mínima 61m Máxima 74 m. Inmersión a las hélices Profundidad máxima en dicha inmersión-- 66,1 m Tiempo de fondo—20 min. Ascenso y paradas—52 min. GASES Gas de fondo—--------TX 16/50 Gas de viaje y Deco—EAN 40 A 6 m.------------------- O2 INTENDENCIA (en mi caso) El resto de buzos llevaba la suya propia. Traje seco trilaminado Bi mono 2 x15 Trimix 1 -S80 Nitrox 1 -5L O2 Foco Kowalski Foco Subacqua Carrete 100m. Boya de seguridad con 30 m de línea Nemo Wide en función BT Reloj 2 profundímetros Máscara de repuesto Pizarra de muñeca COMUNES Neumática de 7,5 m. de eslora con radio, sonda y ploter Boya de descompresión con cabo de 12mm. Dos buzos de seguridad entre las zonas de -40 m. y superficie Patrón: equipado con traje de neopreno, teléfono vía satélite y datos de coordenadas Botella de TRIMIX a -40 m. Botella de EAN 40 transportada por uno de los buzos de seguridad a partir de la cota -28 m. Dos botellas de O2 en cubierta, listas para descenderlas en caso de necesidad Equipo de seguridad en cubierta O2 medicinal y primeros auxilios.
Y ASÍ SE ACABA LA CRÓNICA Diez largos años han pasado, soñando cada vez que oía su nombre poder llegar a verlo en su tumba de arena y lajas. Estos dos últimos pasaron dejando desvanecerse las promesas que otrora me hiciera mi buen amigo Leo. No veía el momento de llevar a cabo mi sueño. No es fácil la empresa, se necesita infraestructura, medios humanos y técnicos……..y yo solo poseía mi férrea voluntad, no valía, con eso solo no valía. Daba por bueno si lo lograba aunque fuera con aire, dejando las mezclas exóticas para otros. Pero Leo lo tenía claro, solo cuando el decidiera que el nivel de buceo era el adecuado, cuando la mar y el tiempo fuesen propicios, cuando el tandem de buceadores formase un grupo compacto…..entonces y solo entonces lo intentaría. Y llegó el día, después del truncado intento del viernes por causa de la mala mar, se decidió, ya que teníamos todo preparado, posponerlo al martes. Los últimos rayos del sol se ocultaban tras la montaña palentina cuando agotaba los últimos kilómetros antes de llegar a Santander, es lunes y pasaré la noche durmiendo en la furgoneta. Amanece el día un poco más tarde que yo, y tengo tiempo de sobra para regalarme un buen desayuno en “la Boya de Raos” antes de que lleguen los primeros. Solo Humberto me acompaña al final del desayuno, y con las mismas nos acercamos al centro de buceo. Se repasan configuraciones, presiones de botellas, aguas menores antes de la inmersión (que luego será tarde), los hay que se preparan por si llueve sobre mojado y se calzan el dodotis (el de noche, que chupa más). Trasteamos botellas hasta que nos duelen las manos, y parecemos cincuenta siendo solo nueve (hay “caballos” no hay problema). La mar en calma, o casi, el viento suave, tan solo aparente……….y el jefe grita: SEÑORES DEBAJO DE NOSOTROS ESTÁ EL ESPAÑA. Siguiendo el protocolo establecido se larga el ancla con peso lastrado y lascamos cabo, trincamos la boya de descompresión al final de casi cien metros (hay pendura). Serán dos los buceadores, que por su mayor autonomía, bajen a marcar el pecio. No tardan más de cinco minutos en afirmar el ancla y lanzar la boya de localización. Mientras los demás nos preparamos en cubierta ayudándonos unos a otros a colgar semejante ajuar encima nuestro. El descenso es lento, cambiando de gases a los -28 m. y siguiendo la enorme comba que el cabo deja. Por fin llegamos al fondo, ante nosotros la majestuosa mole de acero que en su día fue un arma letal y hoy descansa, con la quilla al sol, desmoronándose al paso de las galernas y alguna que otra herramienta de mano. Quien primero nos recibe son las enormes hélices que en poco tiempo (según ha llegado a mis oídos) han pasado de estar en posición de avance a yacer partidas sobre el lecho de arena, o viradas sobre su eje. Solo una se mantiene erguida y la imagen me recuerda a la cabeza desafiante de un toro bravo. La popa destrozada por los envites de la mar, parte de la munición sobre la arena, rotores y turbinas al descubierto y el congrio (como no) que se deja deslumbrar sacando pecho………ya no se cual es el más grande que he visto. Pero la visión en conjunto de tan escueta zona del barco hace empequeñecer a cualquiera. Hacen falta muchas inmersiones para verlo entero y por el interior ya es otra historia. El tiempo de fondo se acaba y por si quedaban dudas, ya está Leo para recordárnoslo. Subimos despacio, respetando paradas y cambios de gases hasta que nos juntamos todos a la cota de los 6 metros (vaya racimo de nabos colgados de una cuerda). En el ascenso nos hemos topado con los buzos de seguridad, siempre vigilantes, que nos han hecho compañía casi hasta la superficie. En ella, en la superficie digo, se encuentra Juan, siempre dispuesto a llevarnos y traernos donde haga falta y como solo el sabe; también preparado para cualquier contingencia en caso de que apareciese la boya amarilla de accidente en inmersión (Gracias por anticipado Juan). Y así acaba la historia de este día, que no es sino, el comienzo de un largo periplo que me gustaría compartir con los mismos compañeros. Y por qué no, con alguno más que se apunte. Fuimos 6 buceadores de fondo 2 de seguridad y el patrón Y como dije al principio de la crónica, a todos los que han ayudado a llevar a cabo esta inmersión gracias de “el coronel”
